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Cortavientos "Urbanismo del alma"

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Cree estar el alma parcelada, y a profesionales del mundo de la reconstrucción reclama. Les ha hecho un encargo de equipo. Entre todos tienen que reunificar la apariencia que ella cree tener fragmentada. Sin embargo, los profesionales del siglo XXX, se han dado cuenta que no es un problema de paredes y casas, si no de las ideas que originan la necesidad de proteger en gruesos muros el alma.

Cientos de arquitectos, artistas y urbanistas se han reunido para reunificar el alma. Han diseñado preciosos canales y jardines. Torres y casas bajas. Trabajan como uno solo para la reunificación parecelaria. Su intención es la de llevar luz y agua a todos fragmentos del sueño de las mil parcelas del alma. Las calles se inundan de luces para aquellos que no ven puedan ser guiados de vuelta a casa. Los implicados en el proceso no cogen ni un papel ni un lápiz, ni un ladrillo ni una bombilla. Todo lo hacen desde su propia casa con un instrumento que a todos les iguala. En esta reunificación del alma, ya no cuentan ni los títulos ni las conmemoraciones almacenadas. Cada urbanista trabaja desde su propia calma, amando todo con lo que por su mente o por sus ojos pasa. Eligiendo siempre ver el amor hasta donde no llega el agua en lugar de la aparente carencia camuflada. Hace unos siglos, la profesión de arquitecto no tendría sentido, sin lapiceros, plantearla, pero ahora cualquiera puede ser arquitecto de puentes de conciencia hacia la unicidad del alma. No faltan oportunidades a los aprendices del alba a aplicar las lecciones que estudiaron en la universidad del alma, en la que siempre todo se reducía a dos posibilidades de interpretación: la que más se alinea con la realidad o la falsa, es decir, el odio o el amor. Ahora, cuando ven una ruina caerse, están atentos a lo que en su interior pasa. Abrazar el sentir, recordar ver con la mirada de inocencia que todo lo iguala y entregar a la voluntad del amor unificada. Independientemente de que luego, en el mundo, quieran levantar la casa, lo que les sana es recordar que su voluntad es la misma que la del gran constructor del alma.

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