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Sudadera "El dragón de las mil cabezas"

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- ¡Ay Mari! ¿Cómo estás? ¿Qué tal están tus dragones?, le pregunta la amiga de Mari a Mari.

- Hola Paqui, yo bien, pero hija, los dragones no paran de pedir y pedir. Venga fuego y venga fuego, y yo ya no se qué hacer. El dragón Trabajo está últimamente muy calmado, menos mal que este pasado mes Paco cobró el paro, pero el dragón Pareja, ¡madre! Parece que no haya comido en un siglo, es el que más ruge y por nada ataca. En cambio, los dragones Familia y Amigos parecen estar calmados aunque no lo diré muy alto por si se despiertan. Siempre hay alguno dando por saco, ¿cuándo será el día que me dejen tranquila? ¿Cuándo desaparecerán los dragones? He oído, que hay un gurú de esos que están todo el día con los ojos cerrados y que a veces levita, que sabe mucho sobre el dragón de mil cabezas… Y yo me pregunto, ¿será que yo tengo uno de esos en casa? ¿Será que me parece que son muchos y solamente hay uno? No sé Paqui, creo que me estoy volviendo loca…- respondió desilusionada Mari.

- ¡Calla Mari! - contestó ofendida Paqui- Déjate de brujos e historias, pues esto es la vida hija, cada una tenemos el dragón que nos ha tocado y ya está, ¿qué vas a hacer? ¿Qué serías tú sin tus dragones?

- No sé Paqui, pero creo que tiene que haber otra manera de vivir, ¿esto es vida? ¿Todo el día pendiente de que dragón ruge? ¡Si esto es así, que se me lleven ya!

- ¡Qué pesimista estás hija! ¿No has oído eso que dicen que mientras hay vida, hay esperanza? Pues ale, no te quejes de tus dragones que hay otras que tenemos muchos más problemas.

- Con eso no me convences Paqui, me voy para casa a ver si encuentro el recorte de prensa donde lo explicaba el gurú que levita.

Paqui ya no contestó, pero en su mente no paró de pensar juicios de asombro sobre el estado desquiciado de la Mari. Mari tiró para su barrio y, al llegar a casa, con un último suspiro de desolación, suplicó recordar el recorte del gurú. De repente su mente, brillando como una noche de luna llena, se iluminó:

“Aparentan ser cientos, e incluso miles. Los verás por todas partes, dentro y fuera de casa. Los hay que echan fuego por la boca y otros que rugen; los hay que están durmiendo esperando a pillar desprevenido al depredador; y los hay viejos, que son más difíciles de eliminar. Sin embargo, no hay cientos de ellos, simplemente hay uno y hace tiempo que murió, el dragón de las mil cabezas; y vive en el interior de cada uno. El propietario de los dragones, piensa que cortando la cabeza o contentándolos de uno en uno, llega la solución, pero con el tiempo, la cabeza cortada se regenera y al no ser eliminada de raíz, la rabia se convierte en fuego. Simplemente hay una furia que calmar, y para esto, el propietario tiene que pasar las noches que haga falta dentro de las tripas del dragón hasta que comprenda la ilusión de la furia con inocencia y aceptación. Cuando éste se adentre en el dragón y sienta sin miedo la furia del depredador, sin huir ni intentar matar como el valiente San Jorge, al aquietarse de todo discurso del dragón, sentirá y descubrirá el amor. Se dará cuenta que simplemente había un dragón juguetón. El que creía estar separado de la situación y, en definitiva, separado de Dios. No hay cuchillo que mate al dragón si no llega cada propietario a ver inocente al propio dragón.”

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